
Juan el Bautista
1 Comienzo de la Buena Noticia de Jesucristo. [Hijo de Dios.]
2 Tal como está escrito en la profecía de Isaías:
Mira, envío por delante
a mi mensajero
para que te prepare el camino.
3 Una voz grita en el desierto:
Preparen el camino al Señor,
enderecen sus senderos.
4 Así se presentó Juan en el desierto, bautizando y predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados.

5 Toda la población de Judea y de Jerusalén acudía a él, y se hacía bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados.
6 Juan llevaba un manto hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero en la cintura, y comía saltamontes y miel silvestre.
(Mt 3,11; Lc 3,15s; cfr. Jn 1,24-28)
7 Y predicaba así:
—Detrás de mí viene uno con más autoridad que yo, y yo no soy digno de agacharme para soltarle la correa de sus sandalias.
8 Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con Espíritu Santo.
(cfr. Mt 3,13-17; Lc 3,21s; Jn 1,29-34)
9 En aquel tiempo vino Jesús desde Nazaret de Galilea y se hizo bautizar por Juan en el Jordán.
10 En cuanto salió del agua, vio el cielo abierto y al Espíritu bajando sobre él como una paloma.
11 Se escuchó una voz del cielo que dijo:
—Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto.
(cfr. Mt 4,1-11; Lc 4,1-13)
12 Inmediatamente el Espíritu lo llevó al desierto,
13 donde pasó cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía con las fieras y los ángeles le servían.
(Mt 4,12.17; Lc 4,14s)
14 Cuando arrestaron a Juan, Jesús se dirigió a Galilea a proclamar la Buena Noticia de Dios.
15 Decía:
—Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Arrepiéntanse y crean en la Buena Noticia.
(Mt 4,18-22; cfr. Lc 5,1-11; Jn 1,35-51)
16 Caminando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban las redes al lago, pues eran pescadores.
17 Jesús les dijo:
—Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres.
18 Inmediatamente, dejando las redes, le siguieron.
19 Un trecho más adelante vio a Santiago de Zebedeo y a su hermano Juan, que arreglaban las redes en la barca.
20 Inmediatamente los llamó. Y ellos dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron con él.
(Lc 4,31-37)
21 Llegaron a Cafarnaún y el sábado siguiente entró en la sinagoga a enseñar.
22 La gente se asombraba de su enseñanza porque lo hacía con autoridad, no como los letrados.
23 Precisamente en aquella sinagoga había un hombre poseído por un espíritu inmundo, que gritó:
24 —¿Qué tienes contra nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: ¡el Consagrado de Dios!
25 Jesús le increpó:
—¡Calla y sal de él!
26 El espíritu inmundo sacudió al hombre, dio un fuerte grito y salió de él.
27 Todos se llenaron de estupor y se preguntaban:
—¿Qué significa esto? ¡Una enseñanza nueva, con autoridad. Hasta a los espíritus inmundos les da órdenes y le obedecen.
28 Su fama se divulgó rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.
(Mt 8,14-16; Lc 4,38-41)
29 Después salió de la sinagoga y con Santiago y Juan se dirigió a casa de Simón y Andrés.
30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo hicieron saber enseguida.
31 Él se acercó a ella, la tomó de la mano y la levantó. Se le fue la fiebre y se puso a servirles.
32 Al atardecer, cuando se puso el sol, le llevaron toda clase de enfermos y endemoniados.
33 Toda la población se agolpaba a la puerta.
34 Él sanó a muchos enfermos de dolencias diversas y expulsó a numerosos demonios, a los que no les permitía hablar, porque lo conocían.
(Lc 4,42-44)
35 Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, se levantó, salió y se dirigió a un lugar despoblado, donde estuvo orando.
36 Simón y sus compañeros lo buscaron
37 y cuando lo encontraron, le dijeron:
—Todos te están buscando.
38 Les respondió:
—Vámonos de aquí a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues a eso he venido.
39 Y fue predicando en sus sinagogas y expulsando demonios por toda Galilea.
(Mt 8,1-4; Lc 5,12-16)
40 Se le acercó un leproso y [arrodillándose] le suplicó:
—Si quieres, puedes sanarme.
41 Él se compadeció, extendió la mano, lo tocó y le dijo:
—Lo quiero, queda sano.
42 Al instante se le fue la lepra y quedó sano.
43 Después lo despidió advirtiéndole enérgicamente:
44 —Cuidado con decírselo a nadie. Ve a presentarte al sacerdote y, para que le conste, lleva la ofrenda de tu sanación establecida por Moisés.
45 Pero al salir, aquel hombre se puso a proclamar y divulgar más el hecho, de modo que Jesús ya no podía presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares despoblados. Y aun así, de todas partes acudían a él.

19 Contestaron al faraón:
– Es que las mujeres hebreas no son como las egipcias: son robustas y dan a luz antes de que lleguen las parteras.
20 Dios premió a las parteras: el pueblo crecía y se hacía muy fuerte,
21 y a ellas, como respetaban a Dios, también les dio familia.
22 Entonces, el faraón ordenó a todos sus hombres:
– Cuando les nazca un niño, deben arrojarlo al Nilo; si es niña, déjenla con vida.
