bibliaia para conocer mejor a Dios y a Jesús

El pueblo, el Señor y Aarón

1 Córaj, hijo de Yishar, hijo de Quehat, levita; Datán y Abirán, hijos de Eliab, y On, hijo de Pélet, rubenitas,
2 Se rebelaron contra Moisés, y con ellos doscientos cincuenta hombres, jefes de la asamblea, escogidos para su cargo y de buena reputación.
3 Se amotinaron contra Moisés y Aarón, diciendo:
–Ya está bien. Toda la comunidad es sagrada y en medio de ella está el Señor, pero ¿por qué se ponen encima de la asamblea del Señor?
4 Moisés, al oírlo, se echó por tierra.

LIbro de los números censo de Israel

5 Y dijo a Córaj y a sus secuaces:
–Mañana el Señor hará saber quién es el que le pertenece: al consagrado lo hará acercarse, al escogido lo hará acercarse.
6 Hagan, lo siguiente: Córaj y todos sus secuaces, tomen los incensarios,
7 Pongan en ellos fuego y mañana echen incienso ante el Señor. El hombre que el Señor escoja, ése, le está consagrado. Ya está bien, levitas.
8 Moisés dijo a Córaj:
–Escúchenme, levitas:
9 ¿Todavía les parece poco? El Dios de Israel los ha separado de la asamblea de Israel para que estén cerca de él, presten servicio en su santuario y estén a disposición de la asamblea para servirle.
10 A ti y a tus hermanos levitas los ha promovido. ¿Por qué reclaman también el sacerdocio?
11 Tú y tus secuaces se han rebelado contra el Señor, porque ¿quién es Aarón para que protesten contra él?
12 Moisés mandó llamar a Datán y a Abirán, hijos de Eliab, los cuales dijeron:
–No iremos.
13 ¿No te basta con habernos sacado de una tierra que mana leche y miel para darnos muerte en el desierto, que todavía pretendes ser nuestro jefe?
14 No nos has llevado a una tierra que mana leche y miel, ni nos has dado en herencia campos, ni viñas, ¿y quieres sacarle los ojos a esta gente? No iremos.
15 Moisés se enfureció y dijo al Señor:
–No aceptes sus ofrendas. Ni un asno he recibido de ellos ni he perjudicado a ninguno.
16 Después dijo a Córaj:
–Mañana, tú y tus secuaces se presentarán ante el Señor, y también lo hará Aarón.
17 Que cada uno tome su incensario, eche incienso y lo ofrezca al Señor. Cada uno de los doscientos cincuenta con su incensario, y tú y Aarón el suyo.
18 Tomó, cada uno su incensario, puso fuego, echó incienso y se colocaron a la entrada de la tienda del encuentro con Moisés y Aarón.
19 También Córaj reunió a sus secuaces a la entrada de la tienda del encuentro.
La Gloria del Señor se mostró a todos los reunidos,
20 Y el Señor dijo a Moisés y a Aarón:
21 –Apártense de ese grupo, que los voy a consumir al instante.

Intercesión y castigo
22 Ellos cayeron rostro a tierra y oraron: Dios, Dios de los espíritus de todos los vivientes, uno solo ha pecado, ¿y vas a irritarte contra todos?
23 El Señor respondió a Moisés:
24 –Di a la gente que se aparte de las tiendas de Córaj, Datán y Abirán.
25 Moisés se levantó y se dirigió a donde estaban Datán y Abirán, y le siguieron las autoridades de Israel,
26 Y dijo a la asamblea:
–Apártense de las tiendas de estos hombres culpables y no toquen nada de lo suyo para no quedar comprometidos con sus pecados.
27 Ellos se apartaron de las tiendas de Córaj, Datán y Abirán, mientras Datán y Abirán, con sus mujeres, hijos y niños, salieron a esperar a la entrada de sus tiendas.
28 Dijo entonces Moisés:
–En esto conocerán que es el Señor quien me ha enviado a actuar así y que no obro por cuenta propia.
29 Si éstos mueren de muerte natural, según el destino de todos los hombres, es que el Señor no me ha enviado;
30 Pero si el Señor hace un milagro, si la tierra se abre y se los traga con los suyos, y bajan vivos al abismo, entonces sabrán que estos hombres han despreciado al Señor.
31 Apenas había terminado de hablar, cuando el suelo se resquebrajó debajo de ellos,
32 La tierra abrió la boca y se los tragó con todas sus familias, y también a la gente de Córaj con sus posesiones.
33 Ellos con todos los suyos bajaron vivos al abismo; la tierra los cubrió y desaparecieron de la asamblea.
34 Al ruido, todo Israel, que estaba alrededor, echó a correr, pensando que los tragaba la tierra.
35 Y el Señor hizo estallar un fuego que consumió a los doscientos cincuenta hombres que habían llevado el incienso.

Adan y eva desnudos en el paraiso

19 Contestaron al faraón:

– Es que las mujeres hebreas no son como las egipcias: son robustas y dan a luz antes de que lleguen las parteras.

20 Dios premió a las parteras: el pueblo crecía y se hacía muy fuerte,

21 y a ellas, como respetaban a Dios, también les dio familia.

22 Entonces, el faraón ordenó a todos sus hombres:

– Cuando les nazca un niño, deben arrojarlo al Nilo; si es niña, déjenla con vida.