bibliaia para conocer mejor a Dios y a Jesús

El bastón prodigioso

1 El Señor dijo a Moisés:
–Mira, te hago como un dios para el faraón, y Aarón, tu hermano, será tu profeta.

2 Tú dirás todo lo que yo te mande, y Aarón le dirá al faraón que deje salir a los israelitas de su territorio.

3 Yo pondré terco al faraón y haré muchos signos y prodigios contra Egipto.

4 El faraón no los escuchará, pero yo extenderé mi mano contra Egipto y sacaré de Egipto a mis escuadrones, mi pueblo, los israelitas, haciendo solemne justicia.

Israelitas que fueron con Jacob a Egipto

5 Para que los egipcios sepan que yo soy el Señor cuando extienda mi mano contra Egipto y saque a los israelitas de en medio de ellos.

6 Moisés y Aarón hicieron puntualmente lo que el Señor les mandaba.

7 Cuando hablaron al faraón, Moisés tenía ochenta años, y Aarón ochenta y tres.

El bastón prodigioso

8 El Señor dijo a Moisés y a Aarón:

9 –Cuando el faraón les diga que hagan algún prodigio, le dirás a Aarón que agarre su bastón y lo tire delante del faraón, y se convertirá en una culebra.

10 Moisés y Aarón se presentaron al faraón e hicieron lo que el Señor les había mandado. Aarón tiró el bastón delante del faraón y de sus ministros, y se convirtió en una culebra.

11 El faraón llamó a sus sabios y a sus hechiceros, y los magos de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos:

12 cada uno tiró su bastón, y se convirtieron en culebras, pero el bastón de Aarón se tragó los otros bastones.

13 Y el faraón se puso terco y no les hizo caso, como había anunciado el Señor.

Primera plaga:
el agua convertida en sangre
(Sab 11,6; Ap 8,8s; 16,3-7)

14 El Señor dijo a Moisés:

–El faraón se ha puesto terco y se niega a dejar marchar al pueblo.

15 Acude mañana al faraón, cuando salga al río, y espéralo a la orilla del Nilo, llevando contigo el bastón que se convirtió en serpiente.

16 Y dile: El Señor, Dios de los hebreos, me ha enviado a ti con este encargo: deja salir a mi pueblo para que me rinda culto en el desierto; hasta ahora no me has hecho caso.

17 Así dice el Señor: Con esto sabrás que yo soy el Señor: con el bastón que llevo en la mano golpearé el agua del Nilo, y se convertirá en sangre;

18 los peces del Nilo morirán, el río apestará y los egipcios no podrán beber agua del Nilo.

19 El Señor dijo a Moisés:

–Dile a Aarón: Agarra tu bastón, extiende la mano sobre las aguas de Egipto: ríos, canales, estanques y pozos, y el agua se convertirá en sangre. Y habrá sangre por todo Egipto: en las vasijas de madera y en las de piedra.

20 Moisés y Aarón hicieron lo que el Señor les mandaba. Levantó el bastón y golpeó el agua del Nilo a la vista del faraón y de su corte. Toda el agua del Nilo se convirtió en sangre.

21 Los peces del Nilo murieron, el Nilo apestaba y los egipcios no podían beber agua, y hubo sangre por todo el país de Egipto.

22 Los magos de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos, de modo que el faraón se empeñó en no hacer caso, como lo había anunciado el Señor.

23 El faraón se volvió al palacio, pero no aprendió la lección.

24 Los egipcios cavaban pozos a los lados del Nilo buscando agua para beber, porque no podían beber el agua del Nilo.

Segunda plaga: ranas
(Sab 11,15s; 16,3; 19,10)

25 A los siete días de haber golpeado el Nilo,

26 el Señor dijo a Moisés:

–Preséntate al faraón, y dile: Así dice el Señor: deja marchar a mi pueblo para que me rinda culto.

27 Si tú te niegas a dejarlo marchar, yo infestaré todo tu territorio de ranas;

28 bullirá el Nilo de ranas que subirán, se meterán en tu palacio, por habitaciones y alcobas y hasta tu cama; lo mismo pasará en casa de tus ministros y de tu pueblo, en hornos y en donde amasan el pan.

29 Las ranas saltarán sobre ti, sobre tu corte, y sobre todo tu pueblo.

Adan y eva desnudos en el paraiso

19 Contestaron al faraón:

– Es que las mujeres hebreas no son como las egipcias: son robustas y dan a luz antes de que lleguen las parteras.

20 Dios premió a las parteras: el pueblo crecía y se hacía muy fuerte,

21 y a ellas, como respetaban a Dios, también les dio familia.

22 Entonces, el faraón ordenó a todos sus hombres:

– Cuando les nazca un niño, deben arrojarlo al Nilo; si es niña, déjenla con vida.