
Prólogo y primera parte
1 Muchas y grandes enseñanzas hemos recibido de la ley, los profetas y los demás escritores que los siguieron, por los cuales se debe elogiar a Israel a causa de su instrucción y sabiduría.
2 Y como no basta que sus lectores aprendan, sino que deben ser capaces de ayudar a los de fuera, de palabra y por escrito,
3 mi abuelo Jesús, después de dedicarse intensamente a leer la ley, los profetas y los restantes libros paternos, y de adquirir un buen dominio de ellos, se decidió a componer por su cuenta algo en la línea de la sabiduría e instrucción, para que los deseosos de aprender, familiarizándose también con ello, pudieran adelantar en una vida según la ley.
4 Te ruego, pues, que leas con atención y benevolencia y que seas indulgente si, a pesar de mi esfuerzo, no he acertado con la traducción de algunas frases. Porque lo que se expresó originalmente en hebreo no conserva el mismo sentido, traducido a otra lengua. Y no sólo este libro, sino también la ley y los profetas y los restantes libros son muy distintos en su lengua original.
5 El año treinta y ocho del reinado de Benefactor vine a Egipto, donde pasé una temporada. Y como tuve buena ocasión de aprender, me pareció necesario aportar también mi trabajo y esfuerzo a traducir este libro, y así dediqué por entonces muchas vigilias y todo mi saber a completar y publicar el libro, en beneficio de los emigrantes deseosos de aprender y predispuestos por sus costumbres a vivir según la ley.
PRIMERA PARTE
Sabiduría y temor de Dios
(Prov 8,22-31; Sab 7)
1 Toda sabiduría viene del Señor
y está con él eternamente.
2 La arena de las playas, las gotas de la lluvia,
los días de los siglos: ¿quién los contará?
3 La altura del cielo, la anchura de la tierra,
la profundidad del Abismo: ¿quién las medirá?
4 La sabiduría fue creada antes que todo lo demás,
la inteligencia y la prudencia antes de los siglos.

5 La raíz de la sabiduría, ¿a quién se reveló?;
6 los secretos de sus obras ¿quién los conoció?
7 Uno solo es sabio e impone respeto:
8 el Señor, que está sentado en su trono.
9 Él fue quién creó la sabiduría, la conoció, la midió,
y la derramó sobre todas sus obras;
10 la repartió entre los vivientes, según su generosidad;
se la regaló a los que lo aman.
11 Respetar al Señor es gloria y honor,
es gozo y corona de gozo;
12 respetar al Señor alegra el corazón,
trae gozo, alegría y vida larga.
13 Quien respeta al Señor acabará bien,
el día de su muerte lo bendecirán.
14 El principio de la sabiduría es respetar al Señor:
ella es creada junto con los fieles en el seno materno.
15 Puso entre los hombres su hogar
y se mantiene fielmente con su descendencia.
16 La plenitud de la sabiduría es respetar al Señor:
con sus frutos embriaga a sus fieles;
17 llena de tesoros toda su casa
y con sus productos los graneros.
18 La corona de la sabiduría es respetar al Señor:
sus brotes son la paz y la salud.
19 Dios hace llover la inteligencia y la prudencia,
y exalta la gloria de los que la poseen.
20 La raíz de la sabiduría es respetar al Señor,
y sus ramas son una vida larga.
21 El respeto del Señor rechaza los pecados
y aparta sin cesar la ira divina.
Sabiduría y paciencia
22 El injusto apasionado no quedará sin castigo,
porque el ímpetu de la pasión lo hará caer.
23 El hombre paciente aguanta hasta el momento oportuno,
y al final su recompensa es la alegría;
24 hasta el momento oportuno oculta lo que piensa:
por eso la gente alabará su prudencia.
25 Tesoro de sabiduría son las sentencias proverbiales,
pero el pecador aborrece la religión.
26 Si deseas la sabiduría, guarda los mandamientos,
y el Señor te la concederá;
27 porque el respeto del Señor es sabiduría y educación,
y se complace en la fidelidad y la humildad.
Sinceridad
28 Hijo mío, no seas falso en el respeto del Señor,
no te acerques a él con doblez de corazón;
29 no seas hipócrita en tu trato con los hombres,
vigila tus labios;
30 no te alabes a ti mismo, porque caerás
y traerás deshonra sobre tu persona;
el Señor descubrirá lo que ocultas
y te humillará en medio de la asamblea;
porque te acercaste sin respetar al Señor
mientras tu corazón estaba lleno de falsedad.

19 Contestaron al faraón:
– Es que las mujeres hebreas no son como las egipcias: son robustas y dan a luz antes de que lleguen las parteras.
20 Dios premió a las parteras: el pueblo crecía y se hacía muy fuerte,
21 y a ellas, como respetaban a Dios, también les dio familia.
22 Entonces, el faraón ordenó a todos sus hombres:
– Cuando les nazca un niño, deben arrojarlo al Nilo; si es niña, déjenla con vida.
