bibliaia para conocer mejor a Dios y a Jesús

Cánticos de Moisés

1 Escucha, cielo, y hablaré;
oye, tierra, los dichos de mi boca;

2 descienda como lluvia mi doctrina,
caiga como rocío mi palabra;
como llovizna sobre la hierba,
como aguacero sobre el césped;

3 voy a proclamar el Nombre del Señor:
reconozcan la grandeza de nuestro Dios.

4 Él es la Roca, sus obras son perfectas,
sus caminos son justos;
es un Dios fiel, sin maldad,
es justo y recto.

1 Deuteronomio  Moises en el desierto frente a multitud

5 Hijos degenerados, se portaron mal con él,
generación malvada y pervertida.

6 ¿Así le pagas al Señor,
pueblo necio e insensato?
¿No es él tu padre y tu creador,
el que te hizo y te constituyó?

7 Acuérdate de los días remotos,
considera las épocas pasadas,
pregunta a tu padre y te lo contará,
a tus ancianos y te lo dirán:

8 Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su herencia,
y distribuía a los hijos de Adán,
trazando las fronteras de las naciones,
según el número de los hijos de Dios,

9 la parte del Señor fue su pueblo,
Jacob fue el lote de su herencia.

10 Lo encontró en una tierra desierta,
en una soledad poblada de aullidos;
lo rodeó cuidando de él,
lo guardó como a las niñas de sus ojos.

11 Como el águila incita a su nidada
revoloteando sobre los pichones,
así extendió sus alas, los tomó
y los llevó sobre sus plumas.

12 El Señor sólo los condujo,
no hubo dioses extraños con él.

13 Los puso a caballo de sus montañas,
y los alimentó con las cosechas de sus campos;
los crió con miel silvestre,
con aceite de rocas de pedernal;

14 con cuajada de vaca y leche de ovejas,
con grasa de corderos y carneros,
ganado de Basán y cabritos,
con la mejor harina de trigo,
y por bebida, con la sangre fermentada de la uva.

15 Comió Jacob hasta saciarse,
engordó mi cariño, y tiró coces
–estabas gordo y cebado y corpulento–
y rechazó a Dios, su creador;
deshonró a su Roca salvadora.

16 Le dieron celos con dioses extraños,
lo irritaron con sus abominaciones,

17 ofrecieron víctimas a demonios que no son dios,
a dioses desconocidos,
nuevos, importados de cerca,
a los que no veneraban sus padres.

18 ¡Despreciaste a la Roca que te engendró,
y olvidaste al Dios que te dio a luz!

19 Lo vio el Señor, e irritado
rechazó a sus hijos e hijas,

20 pensando: Les esconderé mi rostro,
y veré en qué acaban,
porque son una generación depravada,
unos hijos desleales;

21 ellos me han dado celos con un dios ilusorio,
me han irritado con ídolos vacíos;
yo les daré celos con un pueblo ilusorio,
los irritaré con una nación insensata.

22 Está ardiendo el fuego de mi ira
y abrasará hasta el fondo del abismo,
consumirá la tierra y sus cosechas
y quemará los cimientos de los montes.

23 Amontonaré desastres contra ellos,
agotaré en ellos mis flechas;

24 andarán debilitados por el hambre,
consumidos de fiebres y epidemias malignas;
les enviaré los dientes de las fieras
y el veneno de las serpientes que se arrastran;

25 en las calles, los diezmará la espada;
en las casas, el espanto,
tanto a los jóvenes como las doncellas,
a los niños de pecho como a los ancianos.

26 Yo pensaba: Voy a dispersarlos
y a borrar su memoria entre los hombres.

27 Pero no quise soportar las burlas del enemigo,
y la mala interpretación del adversario,
que dirían: Nuestra mano ha vencido,
no es el Señor quien lo ha hecho.

28 Porque son una nación que ha perdido el juicio
y carece de inteligencia.

29 Si fueran sensatos, lo entenderían,
comprenderían su destino.

30 ¿Cómo es que uno persigue a mil
y dos ponen en fuga a diez mil?
¿No es porque su Roca los ha vendido,
porque el Señor los ha entregado?

31 Porque su roca no es como nuestra Roca;
nuestros mismos enemigos pueden juzgarlo.

32 Su viña es un retoño de las viñas de Sodoma,
de los campos de Gomorra;
sus uvas son uvas venenosas
y sus racimos son amargos;

33 su vino es ponzoña de monstruos
y veneno mortal de víboras.

34 ¿No tengo todo esto recogido
y sellado en mis archivos?

35 Mía será la venganza y el desquite
en la hora en que tropiecen sus pies,
porque el día de su perdición se acerca
y su suerte se apresura

36 –porque el Señor defenderá a su pueblo
y tendrá compasión de sus siervos–.
Cuando vea que sus manos flaquean,
que se consumen amos y criados,

37 dirá: ¿Dónde están sus dioses
o la roca donde se refugiaban?

38 ¿No comían la grasa de sus sacrificios
y bebían el vino de sus libaciones?
Que se levanten para socorrerlos,
que sean su refugio.

39 Pero ahora miren: yo soy yo,
y no hay otro fuera de mí;
yo doy la muerte y la vida,
yo desgarro y yo sano,
y no hay quien se libre de mi mano.

40 Levanto la mano al cielo y juro:
Tan verdad como que vivo eternamente,

41 cuando afile el relámpago de mi espada
y tome en mi mano la justicia,
haré venganza del enemigo
y daré su paga al adversario;

42 embriagaré mis flechas en sangre,
mi espada devorará carne;
sangre de muertos y cautivos,
cabezas de jefes enemigos.

43 Naciones, aclámenlo con su pueblo,
porque él venga la sangre de sus siervos,
porque toma venganza del enemigo
y perdona a su tierra y a su pueblo.

44 Moisés fue y recitó este canto entero en presencia del pueblo. Lo acompañaba Josué, hijo de Nun.

45 Y cuando terminó de decir todo esto a los israelitas,

46 añadió:
–Fíjense bien en todas las palabras que yo les he conminado hoy, y ordenen a sus hijos que pongan por obra todos los artículos de esta ley.

47 Porque no son palabra vacía para ustedes, sino que por ella vivirán y prolongarán la vida en la tierra que van a tomar en posesión después de pasar el Jordán.

Moisés ve de lejos la tierra prometida

48 Aquel mismo día el Señor dijo a Moisés:

49 –Sube a las montañas de Abarín, al monte Nebo, que está en Moab, mirando a Jericó, y contempla la tierra que voy a dar en propiedad a los israelitas.

50 Después morirás en el monte y te reunirás a los tuyos, lo mismo que tu hermano Aarón murió en Monte Hor y se reunió a los suyos.

51 Porque se portaron mal conmigo en medio de los israelitas, en la Fuente de Meribá, en Cades, en el desierto de Sin, y no reconocieron mi santidad en medio de los israelitas.

52 Verás de lejos la tierra, pero no entrarás en la tierra que voy a dar a los israelitas.

Adan y eva desnudos en el paraiso

19 Contestaron al faraón:

– Es que las mujeres hebreas no son como las egipcias: son robustas y dan a luz antes de que lleguen las parteras.

20 Dios premió a las parteras: el pueblo crecía y se hacía muy fuerte,

21 y a ellas, como respetaban a Dios, también les dio familia.

22 Entonces, el faraón ordenó a todos sus hombres:

– Cuando les nazca un niño, deben arrojarlo al Nilo; si es niña, déjenla con vida.